EL PAPA, EL SILENCIO de FRANCESCO

 El lado Obscuro:

 Es indudable el impacto social ,espiritual que producen estos eventos a escala mundial no solo en los fieles de la Iglesia Apostolica Romana sino también en los creyentes de otras religiones y en los que no son creyentes a ningún efecto.


      La elección de un nuevo PAPA , las circunstancias ,la renuncia de su antecesor y el estado de la iglesia actual embarrada de casos de corrupción, pedofilia y luchas de poder, hacen que este papa sea particular.

           Indudablemente muchísimos fieles y los que no lo son , esperan que aquel tan ansiado cambio en tierra Vaticana, llegar desde el fin del mundo tal vez le permitirá ver ,observar , escuchar y si se lo permiten “cambiar” aquello que sus predecesores, tan cercanos del centro de poder, no alcanzaban a distinguir y asi se fueron alejando  cada vez mas de la misión cristiana y sobre todo de sus fieles. 

         Son innegables las buenas acciones,la austeridad, el desprendimiento y la humildad de “FRANCESCO”, ha demostrado en el pasado reciente y lo ha demostrado en su primer aparición y en sus palabras, en donde sino se dieron cuenta en ningún momento se autodenomino papa sino dijo Vescovo..(OBISPO)….. creo un mensaje claro, un significado muy profundo de los cambios que le esperan a la iglesia.

Pero la historia, trae al presente una una parte sombría, que los medios tímidamente mencionan y es el supuesto vinculo con una de las Dictaduras mas crueles de la historia.Cada quien sacar sus propias conclusiones.


A continuación, la reseña sobre El Silencio publicada en Le Monde Diplomatique en febrero de 2005:

El silencio
De Horacio Verbitsky
Editorial: Sudamericana
256 páginas
Lugar de publicación: Buenos Aires

Fecha de publicación: Febrero de 2005

El título de este nuevo libro de Horacio Verbitsky es más que significativo. Porque alude al nombre de un predio en el Tigre, que pertenecía a un jerarca de la Iglesia Católica, el capellán castrense Emilio Grasselli, donde se ocultaron detenidos-desaparecidos para burlar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que visitó la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) en 1979. Y también porque esa fue la política que durante más de 30 años llevó adelante el Episcopado argentino respecto de su complicidad con la última dictadura militar. En un trabajo preciso y documentado –pero no por ello menos fluido– el autor demuestra el andamiaje de conexiones políticas entre el ex almirante Emilio Eduardo Massera y las principales autoridades de la Iglesia, entre ellos el papa Paulo VI, el nuncio apostólico Pío Laghi, el cardenal Antonio Caggiano, el vicario castrense Adolfo Tortolo y el actual cardenal primado Jorge Bergoglio.

Obviamente, los capítulos referidos a Bergoglio son los que más polvareda van a levantar. Y no es para menos. Nunca fue del todo aclarada su participación como provincial de la orden jesuita en Argentina. Y el libro llega al menos para echar un poco de luz sobre el asunto. Durante años Bergoglio contó con detractores (entre ellos, los dos jesuitas secuestrados, quienes siempre estuvieron convencidos de que fue él quien los delató) y con defensores (como Alicia Oliveira, quien asegura que él intercedió ante Massera para que los liberase). Verbitsky relata las relaciones de Bergoglio no sólo con Massera, sino también con la agrupación que le dio fundamento ideológico en su juventud, la otrora ortodoxa y poderosa Guardia de Hierro.

 Pero la perla del libro sobre este tema consiste en un documento del año 1979, dirigido a Bergoglio por el entonces secretario de Culto, Anselmo Orcoyen. En ese oficio, Orcoyen remite que los datos sobre el sacerdote Francisco Jálics –“actividades disolventes” y “sospechoso de contactos guerrilleros”– fueron suministrados por el propio Bergoglio. Si bien el documento no certifica la actuación del cardenal respecto de los secuestros, al menos deja plena constancia de su pensamiento respecto de los sacerdotes en cuestión y permite hacerse una idea más cabal de lo que pudo haber sucedido.

El segundo hallazgo consiste en la nefasta y al mismo tiempo estrafalaria participación de Grasselli en el aparato represivo de la ESMA. No sólo porque participó de la transacción de la casa El Silencio, sino también porque en su oficina funcionaba un archivo permanente de las actividades de los distintos Grupos de Tareas. El libro describe con lujo de detalles el cinismo que empleaba el capellán castrense para dirigirse a los familiares de desaparecidos que recurrían a él por ayuda. Y, como si fuera poco, caen sobre su cabeza las sospechas de que monitoreaba personalmente los procesos de “reeducación” de los detenidos-desaparecidos.
La Iglesia Católica argentina siempre se ha caracterizado por ocultar sus miserias. Este libro –que se suma a una brevísima biblioteca al respecto– las pone sobre el tapete. Las desnuda y las denuncia. Y, por la profundidad de la investigación, las torna innegables.

En el libro El Jesuita, responde a las acusaciones de Horacio Verbisky.

El texto fue escrito por los periodistas Francesca Ambrogetti y Sergio Rubin, en el que se concentran una serie de charlas mantenidas con el purpurado a lo largo de dos años sobre cuestiones religiosas, sociales y políticas.

Jorge Mario Bergoglio responde:


-Hice lo que pude con la edad que tenía y las pocas relaciones con las que contaba para abogar por las personas secuestradas.
-Me moví dentro de mis pocas posibilidades y mi escaso peso.

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