ARGENTINA, MALVINAS ,COLONIALISMO CULTURAL

COLONIALISMO:

Después de 520 años, el colonialismo sigue siendo un enemigo a vencer

                               El colonialismo visible te mutila sin disimulo: te prohíbe decir, te prohíbe hacer, te prohíbe ser. El colonialismo invisible, en cambio, te convence de que la servidumbre es tu destino y la impotencia tu naturaleza: te convence de que no se puede decir, no se puede hacer, no se puede ser.(3)

Pedile al Primer Ministro del Reino Unido que frene el colonialismo ingles. David Cameron esta militarizando el atlántico sur buscando un conflicto militar que refuerce la posición colonial del Reino Unido sobre el territorio usurpado de las Islas Malvinas. Si estas a favor de la paz, del dialogo y en contra del colonialismo, te pedimos tu apoyo para sumarte en esta campaña internacional.

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        “El capitalismo del siglo XXI, al igual que el de los siglos XIX y XX, se erige sobre la sombra del colonialismo. Pero este último ha cambiado de estrategia: las “conquistas” de hoy, en América Latina, ya no se hacen con cruces, caballos y armas de fuego; se asientan, más bien, en tratados que aparentan ser legales. Podríamos hablar, por ello, de un neocolonialismo. No obstante, las venas del continente siguen abiertas, y su principal actividad económica, la exportación de materias primas, es perfectamente funcional a las necesidades de los más ricos en otras regiones del planeta.

              Negar la colonización cultural que las potencias dominantes inculcaron y profundizaron en nuestra América Criolla, es como negar la existencia de las acciones de guerras psicológicas, hoy devenidas en el más amplio concepto de guerras blandas; las cuales abarcan una amplísima gama de herramientas, desde los medios tradicionales, los planes de estudios, las comunicaciones convencionales y las múltiples nuevas facilitadas por las crecientes y cambiantes creadas por las tecnologías digitales y electrónicas, etc.(2)

              Las poderosas herramientas de cooptación mental, que incluso llevan en casos extremos a metodologías drásticas como las denominadas de “tabla rasa” (vaciamiento de todos los contenidos mentales normativos y evaluativos, para sustituirlos por las pautas dictadas por los manipuladores), han llevado a niveles de sutileza y de perfeccionamiento, solo comparables con el grado atroz de deshumanización total que los motivan.(2)


           Ese es el amplísimo campo de acción de las guerras blandas, concepto que ha incluido y sustituido al de guerras psicológicas, por ser de mucha mayor amplitud y profundidad.(2)

            Los efectos destructivamente perversos que derivan de esos procesos de cooptaciones mentales, confusiones conceptuales profundas y distorsionadas visiones de la realidad, han sido palpables en una confusas y distorsionadas opiniones  de un “analista estratégico” (a la sazón oficial retirado), de conclusiones tan erradas como las de otro experto geopolítico (en ese caso un General retirado) que demostrando su profundo extravío doctrinario y conceptual, afirmó la –por él supuesta- superioridad de Chile por haber firmado “tratados de libre comercio”, con lo que evidenció no conocer ni la historia económica ni los principios político – económicos reales, ni los sutiles mecanismos de la dependencia. Tan errado eso como los que enseñan como “la verdad asumida” la economía liberal, o la marxista.(2)
El claro desprecio que demuestra del conocimiento de la Historia Argentina, como si fuese un lastre molesto, revela el grado de confusión conceptual, seguramente acorde al duro proceso de colonización cultural que tiene que haber asimilado cualquiera que incurra en tales confusiones.(2)

 La ignorancia histórica lleva a cometer los mismos errores, y a no tener conciencia de los orígenes de nuestros problemas y de nuestra dependencia.

Es bien sabido (para quienes no llevan anteojeras culturales ni dogmas cerrados que distorsionan sus análisis), que la colonización cultural opera en los distintos niveles de nuestra sociedad argentina, tal como sucede en toda América Latina. Ahora bien, las evidencias indican claramente que ese proceso de colonización cultural y de tergiversaciones conceptuales, ha sido particularmente perverso.

Colonialismo es la influencia o la dominación de un país por otro más poderoso de una forma violenta, a través de una invasión militar, o sutil, sin que intervenga la fuerza. Los motivos pueden ser poder riqueza o dominio.Esta dominación puede ser política, militar, informativa, cultural, económica o étnica.

Hay que convencerse, por el contrario, de que el colonialismo es incapaz de procurar a los pueblos colonizados las condiciones materiales susceptibles de hacerles olvidar su anhelo de dignidad. Una vez que el colonialismo ha comprendido a dónde lo llevaría su táctica de reformas sociales vemos cómo recupera sus viejos reflejos, fortalece sus fuerzas policíacas, envía tropas e instala un régimen de terror, más adecuado a sus intereses y a su psicología.(1)



El dominio colonial, por ser total y simplificador, tiende de inmediato a desintegrar de manera espectacular la existencia cultural del pueblo sometido. La negación de la realidad nacional, las relaciones jurídicas nuevas introducidas por la potencia ocupante, el rechazo a la periferia, por la sociedad colonial, de los indígenas y sus costumbres, las expropiaciones, el sometimiento sistemático de hombres y mujeres hacen posible esa obliteración cultural.(1)

En 1960 Naciones Unidas proclamó la necesidad de poner fin al colonialismo a través de la célebre Resolución 1514, que especifica los principios que deben regir los procesos de descolonización: el principio de autodeterminación de los pueblos, que consagra el derecho de los mismos a instituir sus propios gobiernos, y el de integridad territorial, que prescribe que ningún Estado puede constituirse violando el territorio de un Estado preexistente.

  La cuestión Malvinas se inscribió como un caso singular de descolonización. A diferencia de Gran Bretaña, que en 1964 arguyó ante el Comité de Descolonización que debía regir el principio de autodeterminación, la Argentina -en una pieza diplomática de altísimo nivel a cargo de José María Ruda- sostuvo que Malvinas poseía un carácter específico dentro de los procesos de descolonización y que por tanto debía aplicarse el principio de integridad territorial.

         La Argentina sostuvo que Malvinas poseía un carácter específico dentro de los procesos de descolonización y que por tanto debía aplicarse el principio de integridad territorial.

  Básicamente, a diferencia de las naciones asiáticas y africanas que luchaban por su independencia, en Malvinas no se verificaba una población subyugada por un poder colonial (situación que ameritaría que rigiera el principio de autodeterminación). En cambio, su situación consistía, y consiste aún, en que parte del territorio argentino fue ocupado violenta e ilegalmente por el Reino Unido, que expulsó e impidió el retorno a las islas de las autoridades y pobladores argentinos existentes. Si Malvinas aún hoy constituye uno de los dieciséis casos de colonialismo es porque su territorio, y no su población, se encuentra en manos de un poder colonialista.

  En 1965, la ONU se pronunció sobre la cuestión Malvinas a través de la Resolución 2065, que reconoce la existencia de un litigio que involucra a la Argentina y al Reino Unido. La Resolución insta a las partes a negociar, teniendo en cuenta los intereses, no así los deseos de los isleños, descartando de este modo la figura de la “autodeterminación” para la cuestión Malvinas. De haber sido éste el caso, la Resolución habría reconocido los deseos de los habitantes y éstos últimos habrían sido considerados como parte en la negociación, junto con Argentina y el Reino Unido.

  Pero no fue el caso y por eso la pregunta del referéndum que los isleños planean realizar en marzo de este año (“¿Desea usted que las Islas Falckland conserven su status político como un territorio de ultramar del Reino Unido?”), incluye el verbo “desear”, que supone una atribución sólo reconocida por el Reino Unido. A su vez, dado que los isleños son considerados -desde 1983- ciudadanos británicos, el referendum supone un verdadero disparate jurídico-político en el que los británicos se instituirán como jueces de un litigio en el que son parte. Sólo una nación con innegable tradición colonialista podría asignarse semejantes potestades. Más aún, el texto que acompañará el referendum expresa que la situación política actual es de “autonomía interna” pero que el Reino Unido es responsable de la defensa y la representación exterior, dos atributos inalienables de todo sujeto político que se precie de ejercer la autodeterminación política.

  Naciones Unidas ha validado en una decena de veces la Resolución 2065. Lo hizo antes y después de la guerra. Fundamentalmente, porque los resultados de un hecho basado en el uso de la fuerza no deciden una cuestión de derecho. Por ello, el Reino Unido tuvo que resignar, por ejemplo, su presencia en Hong Kong.

  Todo lo dicho hasta aquí no implica desconocer que la guerra de Malvinas significó un gran retroceso en las negociaciones para recuperar la soberanía de las islas y que los militares que la decidieron, los mismos que trataron a su propia población como una colonia, merecen la condena y la reprobación pública.

Los resultados de un hecho basado en el uso de la fuerza no deciden una cuestión de derecho.

Tampoco implica “borrar de la historia a los isleños”. Ni pretende convertirlos compulsivamente en argentinos. Argentina reclama el territorio, o algo todavía más básico: la reapertura del diálogo. Lo que no acepta es que el principio de autodeterminación sea aplicable al caso Malvinas.

  Los que por medio de la fuerza ocupan desde hace ciento ochenta años un territorio, no pueden decidir con derecho sobre su ley. Convalidarlo sería tan impropio como pensar que David Cameron es el Franz Fanon del siglo XXI. 


MALVINAS
El colonialismo del siglo XXI
http://www.telam.com.ar/notas/201301/3699-el-colonialismo-del-siglo-xxi.html
(1)(Frantz Fanon)
(2) por Carlos Andrés ORTIZ http://www.ellibertadorenlinea.com.ar/2013/03/07/geopolitica-y-colonialismo-cultural/
(3) Eduardo Galeano

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