Populismo

El Populismo:

Que tanto sabemos y porque percibimos que esta palabra sea esta trágica para una democracia:

Cuando las palabras vienen manipuladas , cuando pierden su esencia, utilizadas con otros fines y en donde se pierde su verdadero significado .

Cuando un orden populista introduce cambios de base en la distribución, el capital es repatriado hacia otros países generando un aceleramiento en la des-inversión  Como resultado, el estado debe intervenir en la mayoría de las instituciones democráticas, afectando seriamente la gobernabilidad. Según el estudioso, el populismo paradójicamente sienta las bases para el gobierno totalitario pues incapacitado para crear confianza en los mercados, y en la búsqueda de legitimidad necesaria para funcionar, debe intervenir en los otros poderes republicanos. La dictadura nace como mecanismo político empleado para que las élites mantengan su legitimidad.(1)


Populismo:El populismo (del latín populus “pueblo”) es un término político usado para designar a la corriente ideológica que sostiene la reivindicación del rol del Estado como defensor de los intereses de la generalidad de una población a través del estatismo, el intervencionismo y la seguridad social con el fin de lograr la justicia social y el Estado de bienestar.

El populismo en sentido positivo, lo que define es un sistema en el que el poder recaiga más en el pueblo que en sí mismo, no en que los políticos profesionales gobiernen para la mayor comodidad del pueblo. El populismo se refiere a algún movimiento social, el cual pretende que el poder recaiga más en el pueblo llano, es decir, promueve una especie de proto-democratizacióny anti-elitismo buscando favorecer a los granjeros, los obreros, pequeños emprendedores, bajo clero, sindicatos, capitalistas populares (sin contactos con las oligarquías), las clases media y baja;y menos poder para las élites políticas y económicas corporativistas y caudillistas. El populismo se basa en el apoyo voluntario, las ideas políticas de la cultura autóctonasin necesariamente caer en el nacionalismo, se opone a los imperialismos. Pueden por consecuencia rechazar el desplazamiento social masivo que pueden producir los grandes movimientos de capital o tecnología, así como el rechazo a medidas en torno a reforzar la institucionalidad (excesiva) del Estado unitario o las burocracias profesionales.

El populismo con una significación peyorativa, que es la principalmente usada (y que se usará mayormente a lo largo de éste artículo), es el uso de “medidas de gobierno populares”, destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si ésta posee derecho a voto, aún a costa de tomar medidas contrarias al estado democrático. Sin embargo, a pesar de las características anti-institucionales que pueda tener, su objetivo primordial no es transformar profundamente las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas (en muchos casos los movimientos populistas planean evitarlo) sino el preservar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas.

La crisis de la representación políitica es una condición necesaria pero no una condición suficiente del populismo. Para completar el cuadro de situación es preciso introducir otro factor: una “crisis en las alturas” a través de la que emerge y gana protagonismo un liderazgo que se postula eficazmente como un liderazgo alternatia y ajeno a la clase política existente. Es él quien, en definitiva, explota las virtualidades de la crisis de representacción y lo hace articulando las demandas insatisfechas, el resentimiento político, los sentimientos de marginación, con un discurso que los unifica y llama al rescate de la soberanía popular expropiada por el establishment partidario para movilizarla contra un enemigo cuyo perfil concreto si bien varía según el momento histórico -“la oligarquía”, “la plutocracia”, “los extranjeros”- siempre remite a quienes son construidos como responsables del malestar social y político que experimenta “el pueblo”. En su versión más completa, el populismo comporta entonces una operación de sutura de la crisis de representación por medio de un cambio en los términos del discurso, la constitución de nuevas identidades y el reordenamiento del espacio político con la introducción de una escisión extra-institucional


Populismo se refiere a un movimiento caracterizado por la movilización popular pero nunca por el gobierno popular; tiende a manifestarse fuera de las instituciones de gobierno, a través de las actividades de asociaciones civiles, organizaciones sociales y manifestaciones masivas. El populismo es “popular” en su génesis y en su intención: grandes cantidades de individuos (aunque no siempre la mayoría de la población) se unen en torno a una preocupación o un programa cuyo fin es siempre visto como benéfico para la mayoría de la gente. Una diferencia crucial entre populismo y democracia es que el primero en última instancia le encarga a un líder individual o a un partido político la puesta en práctica o el ejercicio formal de las políticas públicas perseguidas o buscadas por el movimiento. En una democracia, en cambio, la gente decide.

Así, cuando los críticos señalan la demagogia como un peligro endémico tanto para la democracia como para el populismo, están confundiendo dos estados de cosas distintos. El demagogo populista exitoso llegará al puesto público y personalmente echará a andar el programa apoyado por los miembros del movimiento que dirige (por ejemplo Mussolini o Lenin), o usará su prestigio y capital político para presionar a otros funcionarios públicos que no están afiliados a su movimiento para hacer eso en favor de él y de su movimiento (por ejemplo Martin Luther King o Gandhi). El demagogo demócrata, por otro lado, intentará persuadir a la asamblea popular formal para que elija políticas que ostensiblemente beneficien a la gente (por ejemplo Pericles, Alcibíades o Cleón). En una democracia, entonces, la responsabilidad última respecto de las leyes y políticas resultantes recae en las decisiones de la gente, y no, como en el populismo, en las decisiones de las élites que actúan (de segunda o tercera mano) a nombre de la gente.

1:Korstanje, M. 2013 Democracia y Autoritarismo, la razón populista. Nómadas: revista crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Número 13. (PP. 549-559) Especial monográfico sobre América Latina. Universidad Complutense de Madrid. ISSN 1578-6730.
Fuente :Wikipedia

2:Torre, Juan Carlos citado por Sarlo, Betriz. “La audacia y el cálculo”. Sudamericana. Buenos Aires. 2011. p. 145. ISBN 978-950-07-3504-9.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s