Cultura cívica

Cultura cívica, educación para vivir en democracia

Deber de todo buen hijo de la tierra, es amarla, quererla y respetarla, para que sea blanca y pura como el nuevo día, como el agua y el aire que se oye y se ve, más la realidad es otra, ante los ojos de la comunidad internacional somos un país inestable, corrupto, impredecible, lo cual para los intereses de los ciudadanos es desastroso. Se hace necesario, entonces, limpiar esta imagen. Una de las maneras de hacerlo es con la enseñanza de una educación cívica.

La cultura cívica de una sociedad democrática, nos enseña a que los ciudadanos se agrupen y elijan con total libertad. Que los ciudadanos de una sociedad libre defiendan sus intereses tanto particulares como generales, que  ejerciten  sus derechos y acepten la responsabilidad de sus propias vidas, que  decidan por si mismos, todos los actos relacionados con sus existencias, sean estos: laborales, familiares o políticos, decisiones de índole personal que les proyecten como personas, y por lo tanto como ciudadanos capaces de tomar resoluciones inmediatas, mediatas y concertadas, dotados de una visión analítica y familiarizados con las normas, leyes y prácticas democráticas.

No se trata de un simple optimismo propio, de la euforia de las campañas electorales, sino de un levantamiento certero de las fuerzas y cualidades que poseemos como pueblo, en el fondo, es re-descubrir que cosa es ser un verdadero ciudadano, por la pertenencia a una historia, a una ecología, a un paisaje y a un conjunto de culturas con rostro propio y dignidad. Enamorarnos apasionadamente de nuestro ser de país, pero acompañar esa pasión colectiva con un esfuerzo de igual magnitud, que transforme  en realidad las utopías que pueden guiarnos.

Entonces la educación de una cultura cívica, constituye una educación para vivir en democracia, donde enseña a resolver conflictos, dentro del marco de la concertación y consenso, -por aquello que tenemos que saber respetar los criterios de las otras personas-. Con estas consideraciones, bien se puede señalar que gobernar en democracia en bastante difícil, ya que lo que quiere y desea una persona, va contra los deseos e intereses de las otras. Por ello se debe considerar, que la democracia no es más que un conjunto de reglas para convivir con los conflictos, de manera tal que todas las  resoluciones salgan  de una discusión, de un debate mesurado y con altura, donde se respeten todos los criterios  y por lo mismo, estas resoluciones sean aceptadas como legítimas.

La práctica de una cultura cívica, nos permite asumir con optimismo nuestra capacidad de elegir y de elegir bien. De escoger la candidatura menos destructiva, a pesar de que no llene del todo nuestros anhelos  La vigencia de una cultura cívica, admitirá oír siempre las voces de respaldo a los niños, a las mujeres, hombres y ancianos agredidos injustamente, a los desposeídos para ayudarles a buscar un camino que no sea precisamente la violencia, para obtener una reivindicación de su estado de miseria. Donde el derecho a la vida sea sin duda el más importante de todos los derechos, sin embargo, el derecho a la justicia, sea tan necesario como la vida misma.

Cierto que no hay decisiones y respuestas únicas y sencillas a los problemas existentes, pero también es necesario recordar, que una sociedad democrática tiene éxito, cuando existe dedicación y participación de sus ciudadanos los cuales tiene la obligación de actuar con tolerancia, aceptando las diferencias  recíprocas, reconociendo que la otra parte tiene derechos válidos y puntos de vista legítimos, por lo que las grandes resoluciones tienen que ser tomadas bajo el concepto de gobierno de las mayorías, y el respeto de las minorías

La conclusión de lo dicho, nos conduce a la siguiente reflexión, cuando aprendamos  a discutir en forma meridiana nuestras diferencias, a perseguir nuestras metas de un modo democrático, hemos aprendido a vivir en una sociedad democrática: y, cuando logremos debatir y examinar y detectar nuestros errores, habrá oportunidades para la innovación, y por lo tanto para el desarrollo del país.

Finalmente hay que señalar con altivez y voz clara, a los cuatro vientos, que internamente somos un País conformado por gente buena, sencilla y sensible, amable, que respeta y aspira ser respetada y que recuerden siempre que el hecho de ser pasivos no significa que nos falte coraje para reclamar con altivez, con el puño levantado y patriotismo nuestros derechos,

ESCRITO POR CAMPOS ORTEGA ROMERO

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