25 de Mayo 2016

Un 25 de Mayo de 2016…

En el régimen neoliberal de la autoexplotación uno dirige la agresión hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo. Hoy el poder adquiere cada vez más una forma permisiva. En su permisividad, incluso en su amabilidad, depone su negatividad y se ofrece como libertad. La psicopolítica neoliberal está dominada por la positividad. En lugar de operar con amenazas, opera con estímulos positivos. No emplea la ‘medicina amarga’, sino el me gusta. Lisonjea el alma en lugar de sacudirla y paralizarla mediante shocks. La seduce en lugar de oponerse a ella. Le toma la delantera. Con mucha atención toma nota de los anhelos, las necesidades y los deseos (…). La psicopolítica neoliberal es una política inteligente que busca agradar en lugar de someter.”
                                                                                                                              Byung-Chul Han,Psicopolítica

En todo esto no hay nada que nos asombre, nada que nos tome desprevenidos o que altere radicalmente nuestro sentimiento de la vida. Nosotros hemos nacido en la catástrofe, crecido en la catastrofe y hemos establecido una extraña y apacible relación de costumbre con ella. Una intimidad, casi. Hasta donde nos alcanza el recuerdo,nunca ha habido otra actualidad que la miseria y el sacrificio de la clase trabajadora detrás de una hipócrita patria grande que solo da espacio y beneficio a unos pocos. Hemos sido educados como supervivientes, como máquinas de supervivencia. se nos ha formado en la idea de que la vida consistía en avanzar, avanzar hasta derrumbarse en medio de otros cuerpos que avanzan idénticamente, que tropiezan y después se derrumban, a su vez, en la indiferencia.

Si observamos como los medios intentan destruir todo aquello que se entrometa en su objetivo de someter a una ciudadanía al poder financiero , los ataques al Papa por aquellos que se confunden entre los cristianos; la hipocresía de afirmar que las dietas contribuyen a estar bien, en donde la ciudadanía no puede acceder a lo basico para subsistir; donde divide al obrero diciendo que unos tendrán trabajo digno, mientras los otros son solo miserables que dependen del estado, en síntesis se trata de:

Desarraigar al ser humano, arrancar las raíces que lo nutren de una vida moral, intelectual y espiritual. Debe comenzarse, por supuesto, con el desarraigo espiritual, pues es en su enraizamiento con Dios donde el hombre encuentra explicaciones a su razón de ser en el mundo, a su procedencia y destino final. Una vez logrado este desarraigo espiritual, nada más sencillo que lograr su desarraigo existencial, pues una vida privada de causa y destino es inevitable que acabe pudriéndose, enmarañándose de angustia, entregándose al vacío existencial, flotando en el marasmo del tedio o de la búsqueda desnortada de analgésicos que mitiguen su pudrición, su angustia, su vacío y su tedio”.

                                                                                                                              (Juan Manuel de Prada “Hombres nuevos”)

Un desarraigo existencial que lleva al desarraigo intelectual y al desarraigo moral, a una horfandad plena que el hombre desarraigado sólo puede sustituir con su pobre voluntad “soberana”, limitada ya al interés propio y a la plena satisfacción de unos deseos y apetitos taimada y groseramente inducidos, y sin embargo presentados como fruto de la libre voluntad, incluso como hijos del espíritu de rebeldía frente a lo convencional, como conquistas de su libertad dirigida, esta sí fruto de la propaganda y de la educación vertida por los medios de comunicación de masas, y replicada por todos aquellos que buscan un lugar al sol de la comodidad de los paradigmas dominantes.

Llegamos así a la papilla viscosa de los sentimientos, deseos y emociones vulgarizados que opacan toda percepción de lo genuino, de la complejidad y profundidad del hecho de existir, y que sepultan al consumidor bajo consignas, “mantras” y promesas, manteniéndolo absorto con el espejismo de la imagen espectacular de una felicidad al alcance, pero siempre huidiza.

Toca por ello en estos tiempos denunciar que tras el mantra del “amor” y la “felicidad”, tras la consabida diarrea verbal de la libertad, los derechos, la igualdad,… se esconde el totalitarismo más perverso, conducente a la disolución de cualquier atisbo de humanidad en el ya casi “producto” humano. No se trata ya, efectivamente, de una cosificación de la naturaleza humana fruto del materialismo rampante que liberales y progresistas se han empeñado en propagar como una peste. Se trata de la dilución del ser humano en la viscosa posmodernidad de lo transhumano, sin más límites que los que la imaginación y la técnica dispongan. Nada más manejable que un individuoide despojado de su libre albedrío y de su autonomía moral, un ser desprovisto de identidad al cual poder etiquetar de una manera u otra en cada momento que más convenga y al vil precio que determinen.

Fuente Pagina12- Pagina Trasversal

Link Corto a la nota: http://wp.me/p78v54-ij

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